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Violencia en la infancia. La victimización de niños y niñas

La victimización se expresa desde el descuido y los golpes hasta la violación y el asesinato.

09-03-2020

Por María Luisa Santillán, Ciencia UNAM-DGDC

Cuando se habla de la niñez suele pensarse que los niños son el futuro de un país. También es la etapa de la vida en la que los seres humanos necesitamos del cuidado y la guía de nuestros padres para lograr llegar a la etapa adulta con bases sociales, familiares, académicas y de valores.

Pero esto no siempre se logra. Los niños son los más vulnerables ante su entorno, el cual incluye su propia familia, la escuela, los amigos, principalmente. Por eso llaman tanto la atención los casos de bullying, suicidios, maltrato emocional, acoso sexual, violaciones, golpes y matrimonios forzados. Sin embargo, la violencia contra los niños y las niñas ha sido poco estudiada en México.

“Esto es un problema, porque los niños al ser dependientes están en una situación de mayor riesgo, pues aparte de padecer las mismas formas de violencia o victimización que los adultos, los pequeños padecen formas específicas, es decir, pueden ser objeto de secuestro en la calle, de bullying en la escuela, de maltratos parentales en su hogar, de cyber acoso”, explica la doctora Sonia Frías Martínez, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM.

“La victimización tiende a ser interpersonal y tiene cierto componente de injusticia, traición, malicia e inmoralidad. El concepto de victimización engloba tanto crímenes y maltrato como actos no criminalizados, por ejemplo, la violencia perpetrada por pares o atestiguar violencia en distintos contextos de relación”.

Así, la etapa de la infancia y la niñez es clave en el desarrollo del niño y en su vida adulta. Se sabe que cuando los niños son objeto de victimización y crecen en contextos disfuncionales en los que son testigos de violencia, por ejemplo, en la familia de origen, tienen mayor riesgo de tener experiencias negativas y problemáticas durante la edad adulta.

La investigadora refiere que aquellos niños que han padecido actos de violencia física, emocional o sexual en distintos contextos tienen un menor desempeño escolar, es más probable que acaben involucrándose en actividades delictivas o criminales, que tengan ideación suicida o incluso intentos de suicidio.

Asimismo, diversas investigaciones han mostrado que es probable que tengan abuso de determinadas sustancias o que presenten problemas de salud físicos y mentales, por ejemplo, está muy bien establecido el vínculo entre la victimización y la baja autoestima. Además, es más probable que aquellos niños que han sido objeto de violencia o victimización durante la edad temprana también lo sean durante la edad adulta.

Formas de victimización

Uno de primeros aspectos en los que se piensa cuando se habla de violencia contra los niños son las clásicas nalgadas, ejercidas generalmente por los padres, sin embargo, la doctora Frías explica que es más que eso, ya que se ha visto que los niños padecen violencia también en la escuela, ya sea por sus compañeros o por sus propios profesores, en la calle o incluso cuando un niño es separado de uno de sus padres, cuando hay negligencia en la familia o cuando son ignorados por ésta.

  • Hay formas en que los niños pueden ser victimizados que no necesariamente constituyen un delito. Por ejemplo, en el caso de la violencia entre hermanos, se tiende a pensar que si un hermano le pega al otro es normal, pero si fuera un desconocido quien le pega de la misma manera ese niño ya no se considera normal, aunque las consecuencias pueden ser las mismas.

Otro tipo de victimización que padecen los niños es la indirecta, es decir, aquella que no padecen ellos, sino de la que son testigos. Por ejemplo, el hecho de que los niños estén expuestos a una situación de violencia entre sus progenitores, que sepan que alguna persona de su familia ha sido asesinada o secuestrada, también tiene serias repercusiones en ellos.


Otro aspecto importante es que el niño padece determinadas formas de victimización dependiendo de la edad y los contextos en los que se mueve. Por ejemplo, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares de 2016, 4% de las mujeres mexicanas antes de los 15 años fue violada, 25% de las mujeres mexicanas alguna vez atestiguó violencia en su casa y 32% la padeció.

Además, el mayor riesgo de homicidio para los niños está antes del primer año. Una de las hipótesis que comenta la doctora Frías es porque podría estar relacionado con embarazos no deseados, en los que probablemente muchos de esos casos son de abusos sexuales a la mujer. “Es decir, es una violencia que se ejerce como fruto de otra violencia”, dice.

En cuanto a las nalgadas, el momento de mayor riesgo de que un niño las padezca es entre los 4 y los 6 años, mientras que en la etapa de la adolescencia se presenta otra forma de violencia física relacionada con los jaloneos.

“Las principales personas que ejercen violencia contra los niños en la familia son las madres y esto es porque pasamos más tiempo con ellos, aunque es de menor intensidad y tiene menos consecuencias que la que ejercen los padres sobre la salud física del niño”, comenta la doctora Frías.

Otra de las formas de violencia de la cual normalmente no se habla son los matrimonios forzados. En México a 1 de cada 100 mujeres se la robaron y la violaron, y como fruto de eso tuvo que casarse. En este rubro destacan los estados de Hidalgo, Guanajuato, San Luis Potosí, Veracruz y Zacatecas.

Además, existe la compraventa de mujeres o arreglo de matrimonio a cambio de dinero o propiedades. Los estados que presentan los porcentajes más altos al respecto son Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Chiapas. 

Disminuir la violencia hacia los niños

Hablar de medidas preventivas contra la violencia en la infancia es complicado, porque cada forma de victimización tiene factores asociados distintos, explica la doctora Frías, quien actualmente es Secretaria Académica del CRIM.

“Lo que sabemos, de acuerdo con los jóvenes que participaron en la Encuesta Nacional de Cohesión Social y Prevención de la Delincuencia, y cuya edad iba de 12 a 17 años, es que 24% padeció bullying, 24% fue objeto de robo, 10% padeció violencia física, 6% amenazas, 5.8% algún tipo de abuso sexual, 5.7% algún robo, pero de carácter violento, 2.4 cyberacoso y 2.1 extorsiones. En total, 44% de los jóvenes que participaron en esta encuesta padeció alguna forma de victimización durante el último año”.

Asimismo, los datos de la encuesta anterior muestran que el haber atestiguado violencia en la familia de origen o el haberla sufrido incrementa el riesgo de padecer todas estas formas de violencia. Además de que cuando los jóvenes acaban viviendo en contextos violentos, en los cuales hay inseguridad y delincuencia, todas estas formas de victimización les terminan sucediendo.

“Si nosotros tenemos vecindarios menos violentos y hogares también menos violentos, los estaremos protegiendo”, concluye la investigadora.

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