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El México racista y xenófobo. Entrevista con Olivia Gall

Los mexicanos son racistas tanto con su gente como con los extranjeros, aunque se niegue.

06-03-2019

Por Isabel Pérez, Ciencia UNAM-DGDC

Olivia Gall es una investigadora que se ha manifestado en contra del racismo y la xenofobia, mismos que han empapado su vida académica desde hace 25 años.

Sus padres emigraron a México durante la Segunda Guerra Mundial; su madre, la científica Ruth Gall, también destacó como investigadora en la UNAM en el Instituto de Geofísica al especializarse en los rayos cósmicos. Fue discípula de Manuel Sandoval Vallarta y contemporánea de Marcos Moshinsky. Su padre, Henryk Gall, fue profesor de Derecho Internacional en el Colegio de México, cuando Víctor Urquidi lo presidía.

Gall, quien es investigadora en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel III, cursó la licenciatura en sociología en la UNAM, para viajar después a Francia donde obtuvo los grados de maestra y doctora en historia política por el Institut d’Études Politiques.


En aquellos años, ella hacía investigación sobre la historia política y cultural mexicana de la primera mitad del Siglo XX, un tema que no ha abandonado del todo. Es autora del libro Trotsky en México, y la vida política en tiempos del Presidente Cárdenas (1991, Era, México y 2012, Itaca, México)

La investigadora comparte que sus padres, judíos de origen polaco, vivieron muy de cerca el racismo y le enseñaron desde pequeña que es importante luchar por combatirlo en donde sea que se muestra. La ideología mestizante mexicana ha escondido nuestro racismo.

De vuelta a México, tras concluir sus estudios doctorales, Gall fue Profesora de Carrera en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM entre 1986 y 1998. En 1991 se fue a trabajar al estado de Chiapas. Encontró ahí un racismo muy marcado contra los indígenas.

Muy pronto, se dio cuenta que prácticamente nadie hablaba del racismo, ni en Chiapas, ni en ningún otro lugar de México. Ello despertó su curiosidad y decidió adentrarse en ese tema, que se convirtió en uno de sus principales líneas de investigación.

“En 1994, cuando ella estaba en Chiapas, estalló la rebelión del EZLN, organización que planteó con claridad que en México había racismo contra los indígenas”. 

Racismo oculto

Para la especialista, es importante resaltar que México no se asume como un país racista porque, dado el éxito del proyecto del Estado mexicano de dotar a nuestro país de una “identidad nacional mestiza”, producto de “la mezcla de dos sangres y de dos culturas: la española y la indígena”, el país ha vivido convencido de que no puede ser racista, puesto que el racismo clásico, nacido tras el surgimiento de los estados-nación modernos, plantea que un país fuerte y con futuro debe fundarse en “una sangre pura”.  Se piensa, que si el mestizaje es la esencia de la mexicanidad, entonces no somos racistas.

Olivia Gall considera que por años fue muy difícil convencer, incluso a la academia, de que no sólo hay discriminación de clase, étnica o de género en México, sino que también existe un profundo racismo en este país, en contra de los pueblos indígenas, de los afromexicanos, pero también de muchos llamados “mestizos”.

Por otra parte, añade, México ha vivido con la creencia de que hacia los extranjeros que han tocado a nuestras puertas pidiendo refugiarse o inmigrar a nuestra nación, no existe xenofobia. Sin embargo, los estudios que varios historiadores han hecho en los últimos años han revelado que esto es equivocado o parcialmente equivocado.

Por lo menos entre mediados de la década de los treinta del siglo pasado y hasta nuestros días, las políticas migratorias mexicanas han sido xenófobas hacia diversos grupos que han querido transmigrar a través de nuestro país para instalarse en Estados Unidos, o que han querido quedarse aquí.

Entre esos grupos han estado sobre todo los chinos, los judíos, las personas de piel negra (independientemente de su nacionalidad) y otros pueblos de Medio Oriente, Europa Oriental, Asia y Centroamérica.

Como sabemos, refiere Olivia Gall, desde hace décadas México no ha cubierto las expectativas de sus habitantes, ocasionando que millones de ellos busquen en Estados Unidos el llamado sueño americano. “México es de los países que más población propia expulsa”, asevera.

“Quienes se han ido es porque en muchas ocasiones no tienen nada que perder, pues aquí sufren discriminación, injusticia, violencia y muchas veces racismo”.

“Si nos quejamos, con razón, del racismo y la xenofobia que sufren nuestros compatriotas en Estados Unidos, ¿por qué no somos capaces de ver la gravedad de la xenofobia que muchos mexicanos expresan, por ejemplo, hoy en día hacia los centroamericanos de las caravanas?”

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