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Coronavirus. Hacer frente al Aislamiento

Efectos psicológicos de esta medida de contención de enfermedades infecciosas.

06-05-2020

Por Benjamín Domínguez Trejo, Fac. de Psicología,UNAM/Yolanda Olvera López,Escuela Superior de Medicina,IPN

Parte de la respuesta necesaria al brote de COVID-19 es limitar el contacto social, particularmente con aquellos que presenten síntomas o tienen un mayor riesgo de haber contraído el virus.

Si bien el autoaislamiento puede ayudar a contener y controlar la propagación de enfermedades infecciosas (18), el aislamiento puede contribuir a importantes efectos psicológicos negativos, en particular cuando están presentes factores de riesgo como el sedentarismo y la soledad.

La identificación y, de ser posible, la medición de estas consecuencias es importante para ayudar a las personas a prepararse y, cuando sea posible, prevenirlas.

La literatura de las ciencias de la conducta humana también sugiere que la anticipación de estos efectos podría afectar el cumplimiento del autoaislamiento. También sugiere que el sedentarismo y la soledad tienen impactos psicológicos muy importantes, lo que afectaría la conducta al iniciar el confinamiento voluntario.

Está bien establecido en la literatura psicológica y de salud pública que el aislamiento social tiene consecuencias perjudiciales para el bienestar, con efectos comparables a otros factores de riesgo conocidos como el tabaquismo (19). La soledad también está asociada con el aumento del riesgo de problemas de salud mental, incluida la depresión y la ansiedad (20, 21).

Una revisión reciente de 24 estudios, en los que los individuos fueron puestos en cuarentena por periodos que van desde varios días hasta varias semanas, arroja luz sobre sus posibles consecuencias (22) a corto plazo: la angustia y la irritabilidad por falta de contacto social, pérdida de libertad y aburrimiento durante la cuarentena; algunos estudios indican efectos a largo plazo ( 23)  ​​incluyendo síntomas depresivos y dependencia de sustancias hasta por tres años después de terminada la cuarentena.

Esta revisión destacó las implicaciones específicas para los trabajadores de la salud, que pueden preocuparse por no apoyar a los compañeros de trabajo durante el brote, pueden resultar estigmatizados después de la cuarentena (24) y a veces auto-aislarse más allá del periodo de cuarentena (25).

La duración del aislamiento es un factor importante

Los períodos más largos se asocian con resultados de salud mental disminuida y un aumento de la ira (26). Extender el período de aislamiento más allá de las sugerencias iniciales puede desmoralizar a las personas y aumentar el incumplimiento (26). Por lo tanto, la claridad y la certeza sobre los plazos tienen mucha importancia.

Los efectos en la salud mental de la soledad durante el aislamiento pueden verse exacerbados por la pérdida de la rutina, (relacionada con la identidad), que está relacionada con múltiples consecuencias negativas para la salud mental (27). Las conductas protectoras, como el sueño (28) y el ejercicio físico pueden interrumpirse y obstaculizarse durante el aislamiento. Los niños pueden ser especialmente susceptibles a tales cambios en la rutina (29).

  • La planificación de los efectos del aislamiento social puede ayudar a las personas a hacerles frente. Se pueden establecer planes para interactuar de forma remota con las redes sociales, a través de llamadas telefónicas y de video.

La activación de las redes sociales puede ser particularmente importante para quienes viven solos. La gente puede mantener aspectos de la rutina que permanecen posibles durante el aislamiento, como mantener las alarmas activadas a las horas habituales, manteniendo las horas de trabajo y planificando ejercicios en el hogar (para aquellos que estén lo suficientemente bien).

Los planes son más fáciles de seguir si son específicos en horarios e intencionales, en lugar de solo como “lista de propósitos de año nuevo” (30). Crear planes antes del aislamiento, discutir planes con otros e incorporar rutinas familiares puede ayudar a las personas a superar la ansiedad (31). Elaborar una lista de pendientes durante el aislamiento mantiene el interés por continuar cuidándose

Un peligro es que las consecuencias negativas percibidas del aislamiento podrían obstaculizar y competir con la participación voluntaria. Al decidir participar en las soluciones de salud propuestas, las personas consideran no solo su susceptibilidad a la amenaza y su gravedad, sino también cuán efectivas perciben que pueden resultar la solución y la naturaleza del comportamiento requerido (32). 

Por ejemplo, algunas personas evitan activa y deliberadamente recibir información médica importante que los podría conducir a una acción indeseable, como saber que podrían requerir una cirugía (33,34).

Las personas expresan su renuencia a aislarse cuando albergan dudas sobre las posibilidades de infectarse o infectar a otros, pero exteriorizan una mayor disposición cuando consideran el posible efecto en los más vulnerables de la sociedad (35). Por lo tanto, si las personas anticipan y temen las consecuencias negativas del autoaislamiento o no reflexionan sobre la propagación del virus a las personas más expuestas, pueden minimizar o no reconocer los síntomas de COVID-19, para evitar la posibilidad de aislamiento.

Servicios de salud mental

En general, la evidencia consultada realizada en países con mayores presupuestos, sugiere consecuencias negativas para la salud mental del aislamiento (36). La implicación es que las autoridades deben proporcionar y anunciar servicios adicionales de salud mental, grupos de apoyo, incluidas líneas de apoyo y asesoramiento, para las personas que se someten al aislamiento.

Es probable que ayude a las personas crear planes. Esto incluye alentar a las personas a informar a las redes sociales que están aisladas, alentar mensajes y llamadas y mantener algo de rutina. Es probable que familiarizar a las personas con el proceso y las formas de enfrentarlo aumente el cumplimiento. Promover la justificación altruista del aislamiento puede reducir el estigma y aumentar el cumplimiento y la conquista de lo que llamamos “sobrevivencia psicológica”.

“Singapur es el mejor escenario”, comentó Tom Frieden, exdirector de los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de EUA. Frieden comentó que había algunas posibilidades de que, con el distanciamiento social y los límites a las reuniones, Estados Unidos pudiera disminuir la cantidad de infecciones y comenzar a adoptar estrategias al estilo de Singapur para reducir las infecciones nuevas.

“La lección más importante es que el virus puede contenerse si la gente es responsable y se apega a ciertos principios simples”, comentó Christopher Willis, médico de Singapur. “Mantengan la calma. Para la mayoría de la gente es como un resfriado común”, agregó.

Tom Inglesby, experto en pandemias de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins afirmó: “El hecho de que Singapur, Hong Kong, Taiwán, Corea del Sur y China —y en cierta medida Japón— hayan aplanado sus curvas de propagación a pesar de haber tenido una avalancha inicial de casos, debería darnos algo de esperanza en que podemos ver lo que están haciendo bien e imitarlo”.

Tara C. Smith, epidemióloga de la Universidad Estatal de Kent, condensó todo y dijo: “No soy pesimista. Me parece que esto puede funcionar”. Ella piensa que se requerirán ocho semanas de distanciamiento social (a partir del 23 de marzo) para tener la posibilidad de disminuir la propagación del virus y el éxito dependerá de que la gente cambie de comportamientos y de que los hospitales no se saturen.


REFERENCIAS  

18. Day, T., Park, A., Madras, N., Gumel, A., & Wu, J. (2006). When is quarantine a useful control strategy for emerging infectious diseases?. American Journal of Epidemiology, 163(5), 479-485. https://doi.org/10.1093/aje/kwj056

19. Holt-Lunstad, J., Smith, T. B., Baker, M., Harris, T., & Stephenson, D. (2015). Loneliness and Social Isolation as Risk Factors for Mortality. Perspectives on Psychological Science, 10(2), 227–237. https://doi.org/10.1177/1745691614568352

20. Cacioppo, J. T., Hughes, M. E., Waite, L. J., Hawkley, L. C., & Thisted, R. A. (2006). Loneliness as a specific risk factor for depressive symptoms: cross-sectional and longitudinal analyses. Psychology and Aging, (1), 140. https://doi.org/10.1037/0882-7974.21.1.140

21. Cacioppo, S., Capitanio, J. P., & Cacioppo, J. T. (2014). Toward a neurology of loneliness. Psychological bulletin, 140(6), 1464. https://doi.org/10.1037/0882-7974.21.1.140

22. Brooks, S. K., Webster, R. K., Smith, L. E., Woodland, L., Wessely, S., Greenberg, N., & Rubin, G. J. (2020). The psychological impact of quarantine and how to reduce it: rapid review of the evidence. The Lancet. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30460-8

23. Cava, M. A., Fay, K. E., Beanlands, H. J., McCay, E. A., & Wignall, R. (2005). Risk perception and compliance with quarantine during the SARS outbreak. Journal of Nursing Scholarship, 37(4), 343-347. https://doi.org/10.1111/j.1547-5069.2005.00059.x

24. Maunder, R., Hunter, J., Vincent, L., Bennett, J., Peladeau, N., Leszcz, M., ... & Mazzulli, T. (2003). The immediate psychological and occupational impact of the 2003 SARS outbreak in a teaching hospital. Cmaj, 168(10), 1245-1251. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12743065

25. Lee, S., Chan, L. Y., Chau, A. M., Kwok, K. P., & Kleinman, A. (2005). The experience of SARS-related stigma at Amoy Gardens. Social science & medicine, 61(9), 2038-2046. https://doi.org/10.1016/j.socscimed.2005.04.010

26. Rona, R. J., Fear, N. T., Hull, L., Greenberg, N., Earnshaw, M., Hotopf, M., & Wessely, S. (2007). Mental health consequences of overstretch in the UK armed forces: first phase of a cohort study. Bmj, 335(7620), 603.  https://doi.org/10.1136/bmj.39274.585752.BE

27. Fiese, B. H., Tomcho, T. J., Douglas, M., Josephs, K., Poltrock, S., & Baker, T. (2002). A review of 50 years of research on naturally occurring family routines and rituals: Cause for celebration?. Journal of family psychology, 16(4), 381. https://doi.org/10.1037//0893-3200.16.4.381

28. Irish, L. A., Kline, C. E., Gunn, H. E., Buysse, D. J., & Hall, M. H. (2015). The role of sleep hygiene in promoting public health: A review of empirical evidence. Sleep medicine reviews, 22, 23-36. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2014.10.001

29. Chekroud, S. R., Gueorguieva, R., Zheutlin, A. B., Paulus, M., Krumholz, H. M., Krystal, J. H., & Chekroud, A. M. (2018). Association between physical exercise and mental health in 1. 2 million individuals in the USA between 2011 and 2015: a cross-sectional study. The Lancet Psychiatry, 5(9), 739-746. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(18)30227-X

30. Wang, C. G., Zhang, Y., Zhao, J., Zhang, J., & Jiang, F. (2020). Mitigate the effects of home confinement on children during the COVID-19 outbreak. The Lancet. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30547-X

31. Gollwitzer, P. M. (1999). Implementation intentions: strong effects of simple plans. American psychologist, (7), 493. https://doi.org/10.1037/0003-066X.54.7.493

32.  Lee, A. Y. (2001). The mere exposure effect: An uncertainty reduction explanation revisited. Personality and Social Psychology Bulletin, 27(10), 1255-1266. https://doi.org/10.1177/01461672012710002

33. Popova, L. (2012). The extended parallel process model: Illuminating the gaps in research. Health Education & Behavior, 39(4), 455-473 https://doi.org/10.1177/1090198111418108

34.  Sweeny, K., Melnyk, D., Miller, W., & Shepperd, J. A. (2010). Information avoidance: Who, what, when, and why. Review of general psychology, 14(4), 340. https://doi.org/10.1037/a0021288

35. Aiken, L., West, S., Woodward, C., & Reno, R. (1994). Health beliefs and compliance with mammography screening recommendations in asymptomatic women. Health Psychology, 13, 122–129. https://doi.org/10.1037/0278-6133.13.2.122

36.  Kappes, A., Nussberger, A. M., Faber, N. S., Kahane, G., Savulescu, J., & Crockett, M. J. (2018). Uncertainty about the impact of social decisions increases prosocial behaviour. Nature human behaviour, 2(8), 573-580. https://doi.org/10.1038/s41562-018-0372-x


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