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Especial Ciencia Básica. Su valor para la conservación de anfibios y reptiles

Este conocimiento conduce a identificar nuevas especies.

13-06-2022

Por Naix’ieli Castillo, Ciencia UNAM-DGDC


El 2022 es el Año de las Ciencias Básicas para el Desarrollo Sostenible. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) quiere que se difunda el hecho de que las ciencias básicas tienen una inigualable contribución para la aplicación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Considera que aportan los medios esenciales para afrontar los retos más apremiantes de la humanidad.

Para ayudarnos a comprender mejor esta visión, el doctor Uri García, de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, platicó con Ciencia UNAM sobre la importancia de la ciencia básica en su campo de investigación, la biología evolutiva.

Él entiende la ciencia básica como toda aquella disciplina, trabajo o técnica que se encarga de generar el conocimiento e incrementarlo; pero sin ser aplicable de forma inmediata. La ciencia básica no busca una aplicación inmediata, tal como sería, por ejemplo, desarrollar medicinas.

Aunque la ciencia básica no busca una aplicación en principio, sí contribuye al desarrollo de cualquier otra disciplina, opina el científico. Sin ella no se podría hacer nada —considera— porque ésta provee de la materia prima para que después se puedan realizar estudios con un enfoque más aplicado.

“En nuestro laboratorio trabajamos precisamente cuestiones de ciencia básica. Estudiamos la evolución, principalmente de anfibios y reptiles. Tratamos de reconstruir las relaciones evolutivas entre las especies, es decir cómo están relacionadas, por ejemplo, cual especie es más cercana a cuál otra, o cuando se originaron si hace 5, 10 o 20 millones de años, o apenas unos miles de años”.

Otra parte de su labor consiste en descubrir nuevas especies en su trabajo de campo y analizar si existen especies confundidas que pudieran estar mal clasificadas o mal identificadas.

“Casi todo lo que nosotros hacemos se considera ciencia básica”, insiste. Recientemente describimos un género nuevo de lagartijas, y esto resultó muy importante porque las especies del nuevo género estaban equivocadamente descritas dentro de otro.

Eran especies muy diferentes en su ecología, aunque parecidas morfológicamente.  Para los ecólogos era complicado entender como especies que tenían hábitats, alimentación y comportamiento tan distintos pudieran estar relacionadas entre sí y ser morfológicamente tan similares. La realidad es que pertenecían a distintos géneros, explica el investigador, pero esto lo supimos cuando hicimos estudios con datos moleculares y secuenciando datos genómicos.

Descubrir y describir especies nuevas

“Nosotros vamos al campo, si encontramos un individuo de una lagartija o serpiente y  vemos algo diferente, la llevamos al laboratorio, contamos sus escamas, sus caracteres morfológicos, vemos las características del ADN, y a veces, en ese proceso, descubrimos que es una especie nueva”, comenta el biólogo. 

Hace poco tiempo descubrimos dos lagartijas nuevas en la Sierra de Zongolica, en el estado de Veracruz, una en 2010 y otra este año. Ambas eran especies totalmente desconocidas, nadie sabía de su existencia y eso implicaba que no se sabía su ecología, ni cuál era su función en el ambiente. También estaba subestimada la región, sabíamos que era una zona con una gran biodiversidad, pero ahora sabemos que es mucho más de lo que pensábamos, relata.

“A veces descubrimos especies, no porque las veamos por primera vez, sino porque estaban confundidas”.

Un ejemplo que viene a la mente del doctor Uri García, es una especie de lagartija que encontraron en el Valle de Cuatro Ciénegas, en Coahuila y que se creía que era la misma que habita en el norte de México y casi todo el sur de Estados Unidos.

“Esta especie no estaba protegida, nadie se preocupaba por su conservación porque se creía que solo era una población de otra especie, si desaparecía de ahí, no era tan grave porque estaba en otro lado.”

Sin embargo, a partir de un estudio genético y morfológico que hicieron los investigadores del Laboratorio de Sistemática Molecular de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, encontraron que esa lagartija de Cuatro Ciénegas no era la especie que tiene una amplia distribución sino una especie nueva que estaba en peligro de extinción, por estar ligada estrechamente a los cuerpos de agua que se están secando y causando que la especie desaparezca.

Hubo otro caso similar con otra lagartija de Cuatro Ciénegas. De manera que identificaron dos especies microendémicas que no se conocían.

Este tipo de estudios, que son de ciencia básica, son elementales para la conservación, porque no se puede conservar lo que no se conoce. El ir descubriendo esta diversidad  permite a la par, protegerla, destaca el investigador.

Utilidad para los seres humanos

Todo el tiempo los humanos obtenemos medicinas de especies animales y vegetales. Para lograrlo, es fundamental el conocimiento básico de la especie.

“Imagina que sacamos cierta medicina de una planta y que alguien confunde esa planta con otra especie parecida, ya no obtendríamos la sustancia que queremos”.

Explica que para tomar una sustancia o un principio activo de una especie, antes se tuvo que haber descrito la especie, primero se tuvo que haber generado el conocimiento acerca de la misma, “ya después viene la aplicación o la utilidad”.

El especialista menciona que no es frecuente que sea el mismo laboratorio, o la misma línea de trabajo de quienes hacen la ciencia básica, quienes le encuentran aplicaciones.

“Normalmente hacemos ciencia básica y ya, no es que no nos interese ir más allá, solo que tenemos los recursos enfocados y tratar de abarcar más podría afectar la calidad del trabajo que estamos haciendo”, expresa.

Por lo general, sostiene, hay grupos que se dedican a generar conocimiento básico y otros grupos que lo retoman. Por ejemplo, a nosotros nos interesa la conservación de una especie, pero puede haber otros grupos de investigación que les interese analizar la ecología, la fisiología o la posible utilidad de una especie. “Muchas veces sí colaboramos, pero quien lleva la pauta de la parte aplicada ya es otro grupo”.


El valor de las colecciones científicas

El doctor Uri García comenta que para hacer su trabajo se apoyan mucho en las colecciones científicas, que al igual, son resultado de la ciencia básica.

“Nosotros descubrimos una población de lagartijas y después, descubrimos que era una nueva especie, esto fue posible porque revisamos una colección científica y ahí tenían ejemplares colectados de esa población, por eso sabíamos que estaba ahí. Si otros científicos no hubieran colectado esos ejemplares y los hubieran ingresado con todos sus datos, no hubiéramos sabido donde buscarla”.

Esto muestra claramente que “aún nosotros que hacemos ciencia básica, siempre dependemos de otras personas que también hicieron ciencia básica”. Las colecciones científicas son sumamente importantes para investigadores como el doctor Uri García. Y aún lo son más hoy en día porque ya se guardan tejidos de los que pueden extraer material genético y eso reduce mucho los costos de los trabajos.

El especialista concluye que “el conocer por conocer es genial, pero si somos honestos sabemos que vivimos en un mundo globalizado en el que también es muy importante la utilidad. Buscamos conocer por conocer, pero también queremos que ese conocimiento sea aplicable, aunque no lo hagamos nosotros”, concluye.


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