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El deterioro ambiental acabará con la vida digna y justa: José Sarukhán

Crecimiento urbano en la ciudad de México. Foto: Bárbara Castrejón Gómez.

11-04-2013

Por Naix’ieli Castillo García, DGDC-UNAM




El impacto del ser humano en el planeta es tan importante que el Premio Nobel de Química 1995, Paul Crutzen, acuñó el término antropoceno para describir un nuevo periodo geológico que inició hace un par de centurias, cuando la conducta de la especie homo sapiens comenzó a alterar paulatinamente todos los ecosistemas terrestres.

Otros científicos, entre ellos José Sarukhán Kermes, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), coinciden con el Premio Nobel en lo acertado de este concepto.

En conferencia, dictada en el marco del 8° Congreso Internacional de Arquitectura con Alta Tecnología en Bioclimática y Diseño Sustentable, organizado por la Facultad de Arquitectura de la UNAM, el ex rector de la UNAM aseguró que el mundo no se acabará por el daño que la humanidad ha venido ocasionando al medio ambiente, lo que si se terminará, enfatizó, de no tomarse acciones sostenidas para detener el deterioro de la naturaleza, es la vida digna, adecuada y justa, tal como la conocemos.

Impacto del ser humano en el ambiente

 El biólogo consideró que hay tres factores que explican el impacto del ser humano en el medio ambiente. El primero es la población, cuántos individuos viven en el planeta. Hace 10 mil años, la biomasa de los seres humanos y los animales de los que se alimentaba, constituían el 0.1 por ciento del peso total de los vertebrados que había sobre la Tierra; en la actualidad, el peso de la humanidad, más los animales que cría para alimento y compañía, representa el 98 por ciento de la biomasa total de vertebrados.

En el presente siglo, siempre y cuando la tasa de fertilidad por mujer mantenga su tendencia a la baja, se alcanzará un pico de población de 9 mil 200 millones de habitantes, siendo los países en vías de desarrollo los que más contribuyan a este número. 

El segundo factor, según Sarukhán, es el consumo por habitante, estrechamente relacionado con la afluencia económica de la población. Las tendencias indican que en el futuro, habrá más gente con más recursos y mayores demandas que las actuales, lo que ocasionará una presión exponencial sobre los recursos naturales.

Los países que tienen mayores demandas de consumo son, sin duda, las naciones desarrolladas. Desde hace cincuenta años, el país que ha tenido el primer lugar desde el punto de vista de demandas de recursos y energías es Estados Unidos pero naciones como China transitan en la misma dirección.

La propuesta de los expertos, para incidir en este segundo factor, es que haya una mejor distribución en la energía y los recursos que demandan los habitantes del mundo desarrollado y los que exigen los pobladores de países en desarrollo, mediante el uso de estrategias que garanticen una vida digna en todas las naciones.

El tercer factor, de acuerdo con el doctor por la Universidad de Gales, en Gran Bretaña, es la tecnología. Sería deseable, dijo, que se establezcan, en todos los países, incentivos económicos y sociales que impulsen el desarrollo de energías limpias y eficientes.

La agricultura, el modificador más grande de la diversidad biológica

Desde hace 8 mil años, el ser humano inició la degradación de los bosques y selvas en todo el mundo para obtener terrenos agrícolas, y esta no se ha detenido. Los mayores cambios se observan en el campo, cuando los huracanes arrastran y erosionan el suelo por la ausencia de vegetación, pero los efectos de la pérdida de los servicios ambientales de estos ecosistemas son globales.

Además, la agricultura tecnificada es ecológica y económicamente insostenible sin los subsidios que actualmente goza, además de tener costos ambientales que no se incorporan al precio de los productos denunció el científico.

Un claro ejemplo es la región productora agrícola más importante del mundo, la cuenca del Río Misisipi. Los fertilizantes que se usan en el suelo de esta zona son arrastrados por las lluvias al río, que finalmente los descarga en los océanos.

Con el uso de imágenes satelitales capaces de distinguir la clorofila alfa, los científicos han observado enormes cantidades de algas que crecen cerca de la costa, que al morir y hundirse en el océano consumen todo el oxígeno disponible en la columna de agua, generando desiertos marinos y arruinando la pesquería de la zona.

Por otro lado, la destrucción de los suelos, es un problema ambiental grave. En México, casi dos tercios del territorio nacional presentan esta condición y no existe ninguna tecnología que permita la recuperación de los mismos, pues se forman mediante procesos geológicos lentos.

La palabra clave es reducir

José Sarukhan advirtió que la tecnología es parte de la solución y también parte del problema. Cada año, se desechan, tan sólo en Estados Unidos, 150 millones de teléfonos y entre 20 y 50 millones de toneladas de basura electrónica (computadoras, impresoras, monitores) al año, las cuales terminan su ciclo en los países del tercer mundo, contaminando el medio ambiente con metales pesados.

Las nuevas generaciones, previó, serán quienes más sufran los efectos del impacto ambiental que se ha estado gestando en los últimos doscientos años y son quienes deberán aprender a moderar sus patrones de consumo prescindiendo de objetos superfluos y adquiriendo artículos que realmente sean cruciales y significativos para el bienestar.

Los habitantes de las ciudades son muy poco conscientes de dónde provienen los bienes que consumen y qué impacto tienen en el medio ambiente. Muchas personas compran en los supermercados productos, sin saber los gastos que representan o sus costos ambientales. Pocos saben, por ejemplo, que un filete de 350 gramos requiere de 7 kilogramos de granos de maíz para producirse y hasta 660 litros de agua dulce.

En nuestros días, entre el 70 y el 78 por ciento de la población vive en ciudades, por eso es precisamente ahí donde se deben realizar los cambios más importantes para modificar el impacto de los humanos en el planeta, insistió el especialista en problemas ambientales globales y desarrollo sustentable.

Concluyó que todos los ciudadanos del mundo tienen el deber de conocer y comprender los problemas ambientales y de tomar acciones para disminuir la huella ecológica. Hasta ahora, el comportamiento ambiental de los mexicanos ha sido muy deficiente. En una escala de la Universidad de Yale, México se ubica en el sitio 84, muy por abajo de la mayoría de las naciones latinoamericanas.

  

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