18-10-2011
Por Claudia Juárez Álvarez,DGDC-UNAM
René Jiménez Ornelas mantiene una relación estrecha con la violencia. Desde el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), analiza la criminalidad, la delincuencia organizada, la explotación sexual infantil y otras formas de expresión de la violencia social, entre las que se encuentra el odio hacia las mujeres.
Catalogado como misoginia, este pensamiento y acto de aversión, rechazo o desprecio que se expresa en relación con las mujeres o en lo concerniente a lo femenino, ha estado presente de manera constante a lo largo de siglos. Aparece en textos de antiguos filósofos, en sermones religiosos, en la mutilación genital hasta el encarcelamiento de mujeres por haber abortado y el feminicidio de nuestros tiempos. La justificación es siempre la misma: ellas lo provocan, como ha registrado el investigador.
“Hay sociedades patriarcales, que construyen sus valores y visiones en base al dominio del hombre, pero cuando hay un odio, una desvalorización de la mujer por el hecho de ser mujer se llega a la misoginia. De tal manera que vamos a encontrar sociedades misóginas como Ciudad Juárez, en donde la comunidad y hasta las autoridades justificaban el asesinato de mujeres porque decían: ellas se lo buscan, se visten provocativamente, salen a divertirse los fines de semana, toman alcohol.”
Jiménez Ornelas, quien coordina en la Universidad Nacional la Unidad de Análisis sobre Violencia Social, es contundente al declarar: “en realidad, los homicidios de mujeres con ciertas características como el pelo negro y largo, delgadas, violadas y en algunos casos quemadas y mutiladas, son la manifestación de todo un proceso de odio.”
Autor del capítulo “Feminicidio en Ciudad Juárez: ruptura de la equidad de género”, en La memoria de las olvidadas: las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, publicada por la UNAM en 2003, el doctor en Sociología alerta que el número significativo de homicidios dolosos contra mujeres no es exclusivo de la comunidad juarense. “Es impresionante en el Estado de México.” Más 900 casos reportados entre 2005 y 2010, según cifras de la Procuraduría General de Justicia de la entidad.
Entrevistado en su cubículo en el área de Población y estudios demográficos del Instituto del Investigaciones Sociales, el doctor Jiménez precisa algunos procesos históricos que han sido determinantes en la construcción de sociedades basadas en el dominio del varón.
“En el caso mexicano, desde la época colonial hay una consolidación patriarcal determinada por el contexto europeo a partir del siglo X, en el que a las mujeres se les prohíben ciertas acciones desde la Iglesia Católica y se les adjudica la misión de educar a los hijos. Antes del siglo X en Europa, las mujeres participaban en las decisiones y las actividades.”
El también miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel II, anota que la misoginia es una construcción social histórica y como tal tardará muchas generaciones en transformarse.
“En la actualidad estamos ante un proceso de cambio, de crisis institucional fundamentalmente de la familia, a tal grado que vemos mujeres, en Europa sobre todo, que deciden la maternidad sin la presencia masculina, solamente en la parte reproductiva. Pero México es un claro ejemplo de que los valores patriarcales siguen presentes. Encontramos casos en que la mujer es educada diferente al varón o no pude ir a fiestas sola. Aún existen comunidades en donde quien estudia es el varón, no la mujer, o mujeres que han sido encarceladas por haber abortado.”
El desprecio hacia las mujeres se expresa en múltiples formas: control, exclusión, discriminación, descalificación, maltrato sexual, intimidación, abusos… René Jiménez Ornelas y sus colaboradores documentaron en el estudio titulado La presencia de la misoginia en el fenómeno de la inseguridad, una alta proporción de mujeres víctimas de ciertos actos delictivos en comparación con los hombres.
Ellas son las víctimas más frecuentes de delitos sexuales (91.43%) en comparación con los hombres (8.57%). El segundo acto delictivo en importancia del que son víctimas es el fraude, con el 56.67%, mientras que los hombres sólo representaron el 43.33%. La trata de personas también afecta más a las personas del sexo femenino.
La investigación mostró además el trato desigual que ellas reciben por parte de autoridades encargadas de la procuración de justicia. “Es común que se les haga esperar, no se respeten sus garantías y se trate de conciliar eventos de violencia intrafamiliar, lo que en muchos casos sólo agrava y alarga la problemática.”
De 1990 a 1996, un total de 2,116 averiguaciones por lesión a mujeres, sólo dieron origen a 119 sentencias condenatorias en promedio anual. Eso significa que las autoridades castigaron al culpable en apenas el 5.6% de los casos en que se inició la acción penal.
Además quienes deciden denunciar un delito sexual, a menudo se topan con autoridades que las responsabilizan del delito expresando comentarios como “las mujeres dicen no cuando quieren decir que sí” o “las chicas buenas no son violadas.”
El doctor en Sociología por el Colegio de México recuerda trabajos de otros colegas que han descubierto que entre dos sentenciados por el mismo delito, la pena es mayor a la mujer que al hombre. Incluso en algunos casos de homicidio, la sanción disminuye o no se aplica si la agresión se llevó a cabo para defender “el honor masculino.”
A raíz de las consecuencias que ha traído la misoginia se han establecido leyes en favor de las mujeres y de sus derechos fundamentales. No obstante, en los hechos persiste la tendencia a favorecer el dominio del varón en detrimento de la mujer. El reto es la construcción de una cultura de la equidad. “Mantener la misoginia es mantener el poder del hombre”, concluye el analista de la violencia social.
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