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Sistemas de alerta, respuesta ante la posibilidad de un desastre

Su finalidad, disminuir el impacto económico, ambiental y garantizar la vida.

29-11-2021

Por Isabel Pérez S., Ciencia UNAM-DGDC

México debe asegurarse de tener buenos sistemas de alerta temprana que garanticen la vida, disminuyan el impacto económico, y los impactos ambientales. Dichos sistemas son herramientas para responder a la emergencia, sin olvidar que la meta debería ser reducir la vulnerabilidad y el riesgo de forma estructural.

De acuerdo con Víctor Orlando Magaña Rueda, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, se sabe que existe el miedo de actuar preventivamente por el costo que conlleva, sin embargo, dejar que ocurra el desastre siempre tiene un costo mucho más elevado que prevenir.

“Es prioritario implementar un ordenamiento ecológico-territorial en el país, para que realmente pueda reducirse la vulnerabilidad; si bien los sistemas de alerta son una gran herramienta para responder a la emergencia, la filosofía en materia de protección civil y en materia de desarrollo, debe ser apostarle a construir sistemas de menor riesgo, sobre todo y de manera primordial, en las ciudades”.

Las urbes, agrega, no pueden seguir creciendo de manera desmedida, caótica, sin prevención y sin pensar en el riesgo que implica. Para ello, existen herramientas tecnológicas que se desarrollan en la Universidad Nacional, que tienen como finalidad planear y hacernos menos vulnerables.

  • La vulnerabilidad es un estado en el que la población y los bienes se encuentran expuestos a sufrir daños ante la presencia de una amenaza por los fenómenos naturales o sociales; estos factores conforman un escenario de riesgo.

¿Qué son los sistemas de alerta temprana?

Los sistemas de alerta advierten sobre la posibilidad de un desastre. El objetivo, es que mediante una serie de acciones previas a un fenómeno capaz ocasionar un desastre, se lleven a cabo algunos procesos que disminuyan el impacto.

Se han registrado, desde el año 2000 que comenzaron a implementarse estos sistemas, grandes avances tecnológicos en lo que se refiere al monitoreo y de pronóstico.

Estos sistemas funcionan mucho mejor cuando se trata de fenómenos meteorológicos, que cuando se trata de sismos o erupciones volcánicas, por la capacidad de pronóstico existente. En el caso de estos últimos, existen algunos indicadores que determinan si es necesario alertar a las personas y que el desastre no llegue a ocurrir.

Los más avanzados en términos de alerta temprana, son los que tienen que ver con cuestiones del tiempo y el clima. Estos sistemas no sólo son útiles para la población, sino también para sectores como el agrícola que los previene, por ejemplo, si se pronostican granizadas o lluvias intensas que podrían perjudicar sus siembras.

El sistema de alerta para sismos, ya por todos conocido en la Ciudad de México, tiene un rango de oportunidad de un minuto para ponerse a salvo; es decir, en cuanto suena la alerta la gente debe saber qué acción tomar. Este es un sistema estructurado basado en el pronóstico que alerta con 60 minutos de anticipación para actuar.

Tipos de alerta

Los sistemas de alerta de erupciones volcánicas funcionan cuando comienzan a detectar actividad sísmica asociada al volcán por alguna erupción o una onda de gas caliente, lo que lleva al diagnóstico de que algo está ocurriendo con el volcán, determinando que es necesario evacuar.

En cuanto al sistema de alerta de ciclones tropicales, explica que se trata de un semáforo con colores amarillo, naranja y rojo, los cuales tienen que ver con qué tan cerca y qué tan intenso sea un ciclón; con esa información y con lo que se puede conocer con los pronósticos y se determina en qué color está una región en específico y dependiendo del color, existen una serie de acciones que se deben de implementar.

En el momento en que se diseñó dicho sistema, sólo se pensó en cómo usar la información sobre la evolución del fenómeno; en ese entonces no se incorporó el factor vulnerabilidad; esto quiere decir que quizá ciertos grupos o regiones estaban en alerta amarilla, pero su vulnerabilidad era tan grande que debió habérseles puesto en naranja.

Aunado a ello, tampoco se tomaba en cuenta la categoría del huracán que está directamente relacionado con la magnitud del viento, sin indicar cuánta lluvia iba a dejar a su paso.

En ocasiones, las categorías no tienen nada que ver con cuanta lluvia deja el huracán; un huracán categoría uno puede generar una gran cantidad de lluvia, y uno categoría cinco, posiblemente no, lo que deriva en la construcción de un sistema que no está tomando en cuenta del todo lo que son los riesgos y vulnerabilidades.

Con todo y eso, cuando se implementó ese sistema de alerta temprana en el año 2000 fue todo un éxito, pues no había nada parecido para la prevención de esos fenómenos; la cantidad de gente que moría por los ciclones pasó de cientos a dos o tres personas, lo cual cumplía con el principal objetivo que era salvar vidas.

Actualmente, el principal reto es elaborar el sistema de alerta temprana para ciclones tropicales y actualizarlo con información de riesgo.


 Así funcionan

¿Cómo operan los sistemas de alerta? Se construyen con base en un conocimiento previo del peligro, es decir, la probabilidad de que ocurra un fenómeno que pueda causarnos daño dada nuestra condición de vulnerabilidad.

Así, la historia ha demostrado que, en el caso de México, los más frecuentes son tormentas intensas, olas de calor, vientos fuertes, sequía, entre otros. Con este tipo de fenómenos, muchas ciudades terminan afectadas debido a que, por lo general, están poco preparadas.

“Cuando se sabe que la ciudad es vulnerable y se sabe también que va a ocurrir ese fenómeno que convierte esa vulnerabilidad en daño se diseñan este tipo de sistemas, considerando las capacidades. Lo primero es establecer el nivel de vulnerabilidad de determinada región o grupo social ante un fenómeno en específico, para lo cual se construyen una serie de acciones basadas principalmente en la anticipación, es decir, los pronósticos”.

De este modo, precisa el especialista, se analiza que por ejemplo en las ciudades costeras, los huracanes o ciclones tropicales suelen ser un peligro, y cada vez que se origina uno de ellos ya se han definido una serie de pasos a seguir, dependiendo de qué tan cerca se encuentre el fenómeno, cuál es su intensidad y para cuándo se espera que pueda afectar cierta región.

Reducir el impacto

El mismo procedimiento se realiza para las olas de calor, se implementan las acciones definidas para estos casos con la finalidad de que el daño sea el menor posible. Esta es una especie de respuesta a la emergencia pues lo que se tendría que hacer en realidad es que las ciudades o grupos sociales fueran menos vulnerables para que los fenómenos no los dañen.

“Como no hemos logrado alcanzar ese nivel, recurrimos a estos sistemas de alerta temprana, un mecanismo para reducir la magnitud del impacto”, detalla en entrevista para Ciencia UNAM.

Lo principal a salvaguardar, es la vida de las personas, seguido de algún bien que pudiera resultar afectado y en tercer lugar se busca tener un menor impacto en los sistemas económicos y sociales.

En el Instituto de Geografía de la UNAM, refiere el especialista, se está trabajando con una nueva visión de pronóstico de riesgo que derive en contar con un atlas de riesgo, no de manera tradicional, sino en un sistema dinámico que permita construir escenarios a partir del pronóstico, y hacer proyecciones de hacia dónde van las ciudades. Todo lo anterior, con el propósito de cambiar la forma en que crecen las ciudades, planeando el uso del territorio y considerando cuánto riesgo se construye.


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