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Coronavirus. Por qué los anticuerpos monoclonales son aliados del sistema inmunológico

Son hechos en laboratorio, pero tienen la misma función que los que nuestro cuerpo produce naturalmente.

28-07-2021

Por María Luisa Santillán, Ciencia UNAM-DGDC

Cuando un virus o una bacteria dañina entra a nuestro cuerpo nos sentimos enfermos. Y mientras estos malestares a nivel físico los podemos experimentar como un dolor de cabeza, de estómago, cuerpo cortado, fiebre. Al interior del organismo ocurren distintos procesos que luchan para que el sistema inmunológico reaccione y nos ayude a expulsar esos agentes nocivos.

El sistema inmunológico se divide en dos, uno que es innato y otro adaptativo. Este último produce proteínas que conocemos como anticuerpos, los cuales tienen la capacidad de reconocer algún elemento extraño que entra al organismo y pegarse directamente a él, con el fin de combatirlo y expulsarlo de nuestro cuerpo.

Además, existen los anticuerpos monoclonales, los cuales son creados en el laboratorio y tienen la misma función que los que el cuerpo produce de manera natural, es decir, reconocer con mucha exactitud sólo una sustancia.

El doctor Isaac Abraham Vásquez Bochm, de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que un anticuerpo monoclonal es una proteína creada en el laboratorio a partir de una célula que favorece funciones inmunológicas gracias a que tiene una alta especificidad en su unión, es decir, no va a reconocer otra cosa para la que no fue creado, ya que están dirigidos específicamente contra un componente, dependiendo de cuál sea su finalidad.

  • En 1975, el argentino César Milstein y el alemán Georges Köhler publicaron un artículo en la revista Nature en donde hablan por primera vez de los anticuerpos monoclonales. Por esta investigación en 1984 recibieron el Premio Nobel de Fisiología y/o Medicina.

Aplicaciones médicas

La propiedad de especificidad que tienen los anticuerpos monoclonales les permite reconocer con mucha exactitud otra sustancia y ser utilizados como blancos terapéuticos para distintas enfermedades. Entre las áreas que más se han beneficiado con éstos se encuentra la oncología, pues en la actualidad se usan en cáncer de mama, algunos linfomas y leucemias, melanoma, cáncer de próstata y cáncer de estómago.

  • En ciertos tipos de melanoma que tienen un marcador específico, ha sido de gran utilidad el uso de anticuerpos monoclonales, pues en quienes se administraban reducían el riesgo de muerte, alargaban su periodo de subsistencia e incluso eran curativos. El melanoma es el cáncer de piel más grave.

El doctor Vásquez Bochm explica que aunque en la actualidad los monoclonales han sido mayormente utilizados para cáncer, originalmente fueron creados para tratar infecciones, ya que el sistema inmune se prende o apaga dependiendo de qué señal reciba, por lo tanto, si se creaba un anticuerpo monoclonal que permitiera encender la respuesta inmune, el proceso infeccioso se acabaría más rápido.

Posteriormente, su uso se enfocó hacia las alergias, las enfermedades autoinmunes y, en la actualidad, también se han estudiado para COVID-19.

“Depende de lo que se buscaba disminuir en el sistema inmune se creaban monoclonales contra eso y poco a poco nos dimos cuenta de que sirven para más cosas. Actualmente, el aspecto más relevante, porque no hay otra terapia que lo cubra, son las enfermedades autoinmunes, como artritis reumatoide, lupus eritematoso, esclerosis múltiple, en las cuales el sistema inmune se ataca a sí mismo”, explica el investigador.

Distintos usos

Los anticuerpos son producidos por los linfocitos B, los cuales son células presentes en nuestro sistema inmune y al funcionar éste como un todo, si algo falla, tal vez otro componente se pueda ver afectado. Si la deficiencia es a nivel de dichos linfocitos o en la capacidad de generar proteínas, el individuo no puede producir anticuerpos.

Una de las enfermedades más comunes cuando ocurre esto es la agammaglobulinemia de Bruton, que es la ausencia total de anticuerpos, porque el linfocito B nunca creció y, por lo tanto, no tuvo la capacidad de producirlos.

El investigador, quien es coordinador de evaluación de la asignatura de Inmunología en la Facultad de Medicina, explica que no todas las inmunodeficiencias repercuten en los anticuerpos, pero cuando no los tenemos existen dos posibilidades. La primera es que los linfocitos T (que también son células del sistema inmune) sean suficientemente efectivos para que no nos afecte tanto o que no lo sean y surjan infecciones.

“Si yo tengo un paciente que no tiene anticuerpos, lo primero que voy a ver es que se enferman mucho más frecuente, por más tiempo y el antibiótico no le sirve, porque para que funcione mi sistema inmune debe de estar bien”.


Agrega que uno de los principales problemas que se encontraron entre las infecciones y la generación de anticuerpos monoclonales para éstas, es que se puede producir uno que reconozca un agente en particular y después de un tiempo que se probó que sirve y sale al mercado tal vez el componente del virus o bacteria para el que fue creado ya mutó y no funcione. Como ejemplo explica el caso del VIH.

“El virus de inmunodeficiencia humana en su superficie tiene muchas proteínas y se podría crear un anticuerpo contra una de ellas, se tardan 10 años en crearlo, se consigue la patente y sale al mercado, pero en esos 10 años el virus mutó y la proteína a la que dirigí toda la respuesta ya no la tiene o es diferente. Entonces, la alta especificidad también afecta, porque si se modifican dos aminoácidos esa proteína ya no es la misma, es diferente para el anticuerpo para el que se creó y no se va a pegar.”

Así, la relación costo-beneficio que tenían los anticuerpos monoclonales dirigidos a infecciones no fue tan fructífera. Esta situación es distinta con los tumores, los cuales no mutan, se expresan de la misma manera en un individuo de África que en uno de América, porque las modificaciones celulares son muy similares y van a expresar las mismas proteínas, lo cual es ideal para crear un monoclonal.

Su uso en COVID-19

Frente a la emergencia sanitaria a causa del SARS-CoV-2, se han buscado distintas terapias para su tratamiento. En noviembre de 2020, la FDA autorizó el uso de dos anticuerpos monoclonales como tratamiento de la COVID-19. No son terapias recomendadas para todos los pacientes con dicha enfermedad, sólo eran para aquellos con ciertas características.

El doctor Vásquez Bochm explica que dependiendo de cómo responda el sistema inmunológico de cada paciente será su pronóstico, es decir, si su sistema tiene una alta reactividad cuando el coronavirus ingrese a su organismo, se producirá una tormenta de citocinas que desencadenará que los pulmones se colapsen y no funcionen. 

“Actualmente se ha estudiado mucho en qué punto el sistema inmune interviene para activar más o menos la respuesta. La utilidad del monoclonal en COVID-19 fue que no se creó contra el virus, sino contra el mismo sistema inmune”, concluye.


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