23-07-2018
Por Claudia Juárez, Ciencia UNAM, DGDC
Quién no ha pasado por momentos de hartazgo y cansancio extremo, pero perder la visión debido al agotamiento del nervio óptico o dejar de comer por la imposibilidad de sostener los cubiertos, son situaciones difíciles de creer que han reportado pacientes con el Síndrome de Fatiga Crónica.
“Una condición discapacitante, como una enfermedad acompañada de una fatiga profunda de mente y cuerpo.” Así lo describió el neurólogo estadounidense George Beard, quien fue uno de los pioneros en dar a conocer aspectos relacionados con este síndrome.
El SFC es una enfermedad compleja y difícil de diagnosticar, pues se manifiesta con un conjunto de síntomas que suelen confundirse con otros padecimientos, como explica la doctora Norma Coffin Cabrera, académica de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM.
“Las personas sienten una fatiga severa que describen como una pérdida inexplicable de energía; refieren dolor de garganta que no atribuyen a ningún resfrío, virus o bacteria; sufren inflamación de las articulaciones y los nódulos linfáticos; les duele la cabeza, los hombros, las cervicales, las rodillas; tienen alteraciones en el sueño; si caminan reportan malestar, cansancio y no se recuperan con el descanso.”
En Estados Unidos, Japón, Canadá y España se ha avanzado en el estudio y diagnóstico del Síndrome de Fatiga Crónica; en México, Norma Coffin y la doctora Constanza Miralrio, también profesora de la FES Iztacala, han sumado su experiencia en psicología clínica y medicina, respectivamente, para contribuir a la detección y el tratamiento.
A partir de documentar los trabajos científicos sobre el tema y contar con la asesoría del Dr. Leonard Jason, profesor de psicología en la Universidad De Paul, en Chicago, las investigadoras elaboraron un manual para la enseñanza y diagnóstico del Síndrome de Fatiga Crónica en población latina, de utilidad para psicólogos y médicos.
Es común que el médico del primer nivel de atención no lo tenga en mente, lo que dificulta el diagnóstico del paciente, sobre todo porque los síntomas físicos llevan a confundirlo con la fibromialgia, y por las manifestaciones psicológicas suelen relacionarlo con la depresión.
Como parte de una investigación con el Dr. Jason y el Dr. Jesús Castro, de la Universidad Autónoma de Barcelona, las académicas de la UNAM tratan de recopilar datos de pacientes mexicanos mediante un cuestionario en Internet (www.cuved.unam.mx), que cualquier persona que sospeche tener el síndrome puede responder y obtener un diagnóstico para seguimiento en la Clínica Universitaria de Salud Integral de la FES Iztacala.
“Nos han llegado pacientes que en realidad son casos de fibromialgia. La diferencia es que en la fibromialgia hay más dolor y en este síndrome hay más fatiga. Además, la fibromialgia tiene un origen viral”, agrega la doctora. Miralrio.
- La caracterización del Síndrome de Fatiga Crónica ha pasado por debates científicos, ya que algunos médicos lo consideraban una patología mental mientras que otros decían que era un mal del cuerpo. Desde 1990 el Síndrome de Fatiga Crónica se catalogó como una enfermedad.
Hasta el momento la mejor alternativa médica de tratamiento del SFC es a base de analgésicos, un régimen de alimentación personalizado —como ha probado el doctor Castro en España— además de terapias psicológicas que brindan opciones de respuesta a esta condición.
A principios de los 90’s, ensayos clínicos con pacientes de SFC revelaron que las intervenciones cognitivo-conductuales tenían un efecto favorable.
Actualmente la meta del tratamiento psicológico es que el paciente aprenda la diferencia entre factores de inicio y factores de perpetuación, es decir, entre las causas del padecimiento y lo que lo mantiene, remarcando que lo importante no es qué lo causó sino el cómo se puede manejar, tratar y de ser posible resolver, ya que el inicio de la fatiga es somático.
Así el acompañamiento psicológico se enfoca en cómo reducir los síntomas y mejorar su calidad de vida.
Esto implica un proceso de reflexión para el paciente, pues se pretende que analice sus conductas con preguntas como: “¿Qué he hecho para remediar esto?” y se auto-observe, con el fin de incrementar su comprensión hacia aquellas percepciones y conductas que agudizan la fatiga.
- El detonante de la fatiga crónica aún no está claro. Algunos casos reportados se relacionan con un brote viral; por ejemplo, una fuerte gripe de cuyos síntomas (dolor muscular, cansancio, irritación en garganta) el paciente nunca se recuperó totalmente y desarrolló un estado crónico y discapacitante.
- Este síndrome además altera las capacidades cognitivas: el enfermo no puede pensar claramente, manifiesta deterioro en la concentración y la memoria a corto plazo, así como sentimientos de impotencia y vergüenza.
Contacto Dra. Norma Coffin
coffin@unam.mx
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