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Ruy Pérez Tamayo, constructor incansable

Investigador en patología, docente, divulgador científico, fundador de instituciones. Un recuento de su maratónica carrera.

27-07-2022

Por Leticia Monroy Valentino, Ciencia UNAM-DGDC


"El progreso de la ciencia en México ha sido extraordinario, formidable. Cuando yo empecé, en 1943, no había nada. Ahora hay profesores, investigadores, reconocimiento, premios, financiamiento…Hemos sido nosotros, los investigadores, los que hemos forzado al Estado a reconocer su importancia y a crear las instituciones que nosotros imaginamos."
Ruy Pérez Tamayo


El interés profesional de Ruy Pérez Tamayo (Tampico, 1924 – Ensenada, 2022) fue la patología experimental, especialmente las enfermedades más frecuentes en México. Entre sus contribuciones sobresale la descripción del efecto de la metionina en la cicatrización de las heridas.

Describió por primera vez en nuestro país enfermedades como la neumonitis reumática, la amibiasis cutánea y el enfisema bronquial. Estudió desde el punto de vista morfológico, inmunológico y bioquímico padecimientos como la amibiasis y la cirrosis hepática con el fin de conocer los mecanismos que los producen.

El estudiante

Debido a que el padre del doctor Pérez Tamayo fue muy amigo del pediatra Alfonso G. Alarcón, sus tres hijos se decantaron por la carrera de medicina.

“En mi casa había gran admiración por los médicos. Mi hermano mayor, que me llevaba año y medio, se inscribió en la Escuela Nacional de Medicina. Al año siguiente yo también me inscribí. Había otra razón para que yo siguiera a mi hermano: los libros de medicina eran unos librotes grandotes muy caros; si yo estudiaba lo mismo que mi hermano ya no era necesario comprar libros. Eso también ayudó a que mi hermano menor se inscribiera en la Escuela de Medicina. Así que matamos tres pájaros de un solo tiro”.

Así recuerda como encontró su “vocación” el doctor Ruy (charla Cómo me hice investigador científico en el evento universitario Campus del Pensamiento 2014).

 “La impresión física del enorme patio, con los dobles arcos que tienen los pasillos de los lados, es verdaderamente impresionante; y para un muchacho de 18 años esto era como entrar a la catedral”.

Ruy Pérez Tamayo rememoró con estas palabras (en entrevista para el programa Maestros detrás de las ideas de TVUNAM, 2005.) su asombro al ingresar a la Escuela Nacional de Medicina. En 1943, los médicos estudiaban en el imponente Palacio de la Escuela de Medicina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

Al poco tiempo de iniciar sus estudios conoció a Raúl Hernández Peón, un estudiante entusiasta que quería ser médico científico y dedicarse a la investigación, y que ya tenía experiencia en fisiología pues había instalado un laboratorio en su casa. Raúl invitó a Ruy a ese laboratorio, donde pasaron mucho tiempo haciendo experimentos.

“Fui estudiante de medicina durante las mañanas y las tardes, pero en las noches y los fines de semana aprendí a hacer una serie de investigaciones con Raúl Hernández Peón”, continuó narrando Pérez Tamayo (Conecta 2014).

Durante el segundo año de la carrera escribieron su primer artículo. Su profesor, el doctor Efrén Pozos, lo revisó y corrigió. Presentaron la investigación en un congreso y la publicaron en la Revista Mexicana de Urología. Raúl fue después alumno y colaborador del doctor Arturo Rosenblueth, Jefe del Departamento de Fisiología del Instituto Nacional de Cardiología.

Lo que marcó definitivamente el rumbo profesional del doctor Pérez Tamayo fue haber sido alumno del médico Isaac Costero, quien daba la materia de anatomía patológica.

“Me sedujo inmediatamente, me sentaba yo hasta adelante, me aprendí todos sus chistes. Estudié la materia a morir. Al final del año anunció que tenía cuatro plazas en su laboratorio para estudiantes que estuvieran interesados en ir adquiriendo su especialidad: la patología. Sin dejar de trabajar en las noches con Raúl, me apliqué a trabajar con mi maestro Costero y así fue como pude introducir nuevas técnicas al trabajo que hacía con Raúl.” (Cómo me hice investigador científico, 2014).



Extraña manera de empezar la carrera docente

Ruy Pérez Tamayo se inició como profesor poco antes de terminar sus estudios. El famoso médico Anastasio Vergara acudió al maestro Costero para consultarle si creía que alguno de sus alumnos tendría interés en ser su ayudante.

“El maestro me habló a mí, y yo como quería ser como él, y él daba clases, yo dije que sí. Pero a los tres meses don Anastasio murió, se murió en la clase, fue una experiencia trágica. Entonces yo me quedé con el grupo y terminé el curso como profesor, siendo yo alumno de quinto año y dándoles clase a los alumnos de tercero. Algunos de los alumnos de tercer año eran mayores que yo, de manera que me pusieron de apodo ‘El Niño Catedrático’” (TVUNAM, 2005).

Pérez Tamayo fue maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México por más de 60 años.

“Ruy Pérez Tamayo es un pilar irremplazable en la universidad, es de ese tipo de maestros que construye, construye, construye a lo largo de muchas décadas. Y es gracias a él que hoy tenemos en nuestro país una legión de patólogos de primer rango mundial. Y muchos que no seguimos la anatomía patológica de todas maneras algo importante le debemos”, expresó Juan Ramón de la Fuente (TVUNAM, 2005).

El destacado investigador también impartió clases en las universidades de Harvard, Yale, Tel Aviv, San Marcos, Johns Hopkins, Autónoma de Puebla, entre otras.

Pasión por la patología

De 1945 a 1949, y antes de graduarse como médico cirujano, fue becario del Instituto Nacional de Cardiología, donde estudió anatomía patológica.

Después de recibirse como médico cirujano (1950), Pérez Tamayo ganó una beca de la Fundación W. K. Kellog para estudiar patología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington.

“En Estados Unidos me encontré con que la especialidad se ejercía de manera diferente a como había aprendido con el maestro Costero. Él estaba interesado en la investigación morfológica, en EUA se ejercía de manera clínica, mucho más en atención en los pacientes…era poco biológica y más médica”. (Cómo me hice investigador científico, 2014).

Con base en la experiencia y los conocimientos que adquirió durante su estancia en Estados Unidos, a su regreso fundó y dirigió la Unidad de Patología de la Facultad de Medicina de la UNAM en el Hospital General de México.

“Regresé a México a trabajar, pero no había dónde… Entonces tuve que buscar y crear un sitio. El Hospital General me favoreció en ese sentido y me dio un espacio. La Escuela de Medicina me apoyó, y con cuatro alumnos y un colaborador iniciamos la Unidad de Patología del Hospital General. Ahora es un Departamento de Medicina Experimental de tres pisos, más de 70 personas trabajando”. “Ahí he estado frustrado, cansado, pero nunca, nunca, nunca he estado aburrido”, le dijo a TVUNAM en 2005.

Asimismo, Ruy Pérez Tamayo inició una carrera maratónica como investigador, escritor, docente, conferencista, divulgador científico, filósofo de la ciencia, fundador de instituciones y funcionario.

En 1968 ingresó a la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional, donde estudió el doctorado en inmunología.

Fue Jefe del Departamento de Patología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, así como investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM.

El autor

Adolfo Castañón escribió, con motivo del fallecimiento de Pérez Tamayo: “Sabía hacer libros y conocía cómo estaban hechos. Lo prueban los dos tomos de El concepto de enfermedad: su evolución a través de la historia que le publicó el Fondo de Cultura Económica”. Castañón también menciona que dicho libro está cuidadosamente ilustrado con imágenes que seleccionó el doctor Pérez Tamayo.

“Ruy fue un personaje clave en la organización del Catálogo del FCE relacionado con la ciencia. Formó parte del núcleo de científicos que, con Jorge Flores y Alejandra Jáidar, se unieron para lanzar la exitosa iniciativa editorial primero llamada La Ciencia desde México y luego La Ciencia para Todos”, afirma Castañón en su artículo “Ruy Pérez Tamayo, lámpara en el océano”.

Castañón prosigue: “No es asombroso que el FCE junto con otras instituciones haya fundado el prestigioso concurso editorial: el Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo, que se convoca cada dos años”.

Además de la extensa obra científica y médica que publicó, el doctor Pérez Tamayo también escribió acerca de filosofía e historia de la medicina y la ciencia, Entre sus obras destacan Principios de patología, El concepto de enfermedad: su evolución a través de la historia, Ciencia, paciencia y conciencia, Ética médica laica, Historia general de la ciencia en México en el siglo XX, La revolución científica, Patología de la pobreza y La muerte.

Sociedades científicas y premios

Ruy Pérez perteneció a veintenas de sociedades científicas nacionales y extranjeras y fue miembro honorario de algunas de ellas. Fue galardonado con numerosos premios —Nacional de Ciencias y Artes, el Luis Elizondo, el Miguel Otero, Aida Weiss, Rohrer y el Nacional de Historia y Filosofía de la Medicina, por mencionar algunos—, así como con la Presea José María Luis Mora. Fue doctor honoris causa por varias universidades mexicanas, profesor emérito de la UNAM e investigador nacional del Sistema Nacional de Investigadores.

Ingresó a El Colegio Nacional el 27 de noviembre de 1980. Su discurso Un fantasma en el siglo XX fue contestado por Jesús Kumate Rodríguez.

Más allá del plano profesional, Castañón se refirió al doctor Ruy Pérez Tamayo como “…un gran conversador capaz de decir verdades incómodas con la elegancia de un samurái…fue un apasionado de la música [su papá había sido violinista en la Orquesta Filarmónica de la UNAM]… Persona modesta, era dueño de un incisivo sentido del humor. También era compasivo y le preocupaban las dificultades de las personas que lo rodeaban, pero también y mucho más, las que enfrentan en un país como México, las vocaciones atraídas por la investigación y la ciencia”.


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