03-08-2026
Por Maritza García-Flores/Marcial Arellano-Martínez*
Los pulpos del género Octopus son criaturas fascinantes: inteligentes, escurridizas y capaces de mimetizarse con su entorno. Se encuentran distribuidos globalmente, por lo que representan uno de los grupos más diversos y significativos entre los cefalópodos, incluyendo numerosas especies de relevancia ecológica y comercial.
Sin embargo, cuando salen del huevo (paralarvas), son un verdadero desafío en el campo de la taxonomía —el área de lo biología encargada de clasificar a los organismos— ya que solo miden unos pocos milímetros de longitud y a simple vista, un gran número de especies se parecen.
Esta similitud morfológica complica su identificación, lo cual, a su vez, dificulta las investigaciones en biología, ecología y conservación, entonces ¿cómo los científicos logran reconocerlos?
Para resolver este problema, se utilizan dos herramientas complementarias; la morfología, que examina la forma y estructura de los organismos y la genética, que interpreta la información que contienen en su ADN.
Al salir del huevo, las paralarvas, o pulpos bebé, no miden más de 5 mm, su cuerpo es transparente, tienen brazos cortos con apenas tres o cuatro ventosas y con un patrón simple de cromatóforos (las células que les permiten cambiar de color). A simple vista, numerosas especies se parecen tanto que incluso los científicos pueden confundirse.
Sin embargo, algunas de estas características varían considerablemente entre individuos, sobre todo bajo condiciones de preservación deficiente, al punto que dos paralarvas de especies distintas pueden parecer prácticamente idénticas, por ejemplo Octopus hubbsorum y Octopus mimus, ambas del Pacífico Oriental, presentan paralarvas con una notable similitud en el patrón de cromatóforos, el número de ventosas y la presencia de pequeños órganos tegumentales conocidos como órganos de Kölliker.
A simple vista, basándonos únicamente en la morfología externa, podría asumirse que se trata de la misma especie. Pero ¿esta semejanza visual implica también una cercanía genética?

La correcta identificación de las paralarvas de pulpo es mucho más que una cuestión taxonómica, es una pieza clave para comprender procesos evolutivos, dinámicas poblacionales, manejo pesquero, monitoreo de especies vulnerables, conservación y estrategias de vida en ambientes marinos cambiantes.
Las consecuencias de una mala identificación ocasiona errores en el manejo de pesquerías (ej. sobreexplotación de especies mal identificadas), subestimación de diversidad y distribución, y limitaciones en estudios ecológicos, como la conectividad poblacional.
Frente a este reto, la integración de herramientas genéticas (como el análisis de secuencias de ADN) junto con estudios morfológicos detallados son una vía prometedora para resolver la complejidad oculta en estos diminutos organismos.
La genética molecular ha transformado la forma en que identificamos especies, especialmente cuando la morfología no ofrece suficientes pistas. Una de las herramientas más utilizadas es el llamado código de barras genético (DNA barcoding), que funciona de manera similar a los códigos de barras en los productos del supermercado: cada especie tiene una “secuencia” única en su ADN que permite reconocerla.
En las paralarvas de pulpo esta técnica analiza una región específica del ADN mitocondrial, como el gen COI (citocromo c oxidasa subunidad I, por sus siglas en inglés), que funciona como un identificador biológico. Al amplificar y secuenciar un pequeño fragmento de este gen (~ 650 pares de bases), es posible compararlo con bases de datos internacionales como BOLD (Barcode of Life Data System) o GenBank lo que permite identificar rápidamente a qué especie pertenece la muestra.
Por otro lado, el enfoque morfológico en paralarvas de pulpo se centra en estructuras ontogenéticamente estables, como el pico y la rádula. Los picos quitinosos son resistentes y su morfología tanto de la mandíbula superior como de la inferior, ofrece criterios útiles para distinguir especies.
En el caso de la rádula, el número y las características del diente raquídeo, como su tamaño y forma, la convierten en un elemento valioso para el análisis taxonómico, aunque su observación requiere técnicas especializadas debido a su diminuto tamaño.
Este enfoque combinado donde la morfología y la genética se entrelazan como piezas complementarias, no solo permite identificar especies con mayor precisión, sino que revela la complejidad biológica que se esconde en lo diminuto.
Imaginemos la morfología como un rompecabezas visual y la genética como un código secreto: por separado ofrecen pistas, pero juntas muestran una imagen completa. En la práctica, el proceso comienza con un análisis morfológico preliminar, que permite clasificar las paralarvas en morfotipos tentativos, por ejemplo, según el patrón de cromatóforos o la longitud relativa de los brazos.
Posteriormente, se aplica la técnica de DNA barcoding para confirmar o refutar esa identificación, lo que permite detectar especies crípticas que no pueden distinguirse solo por su aspecto.
Por ejemplo, aunque las paralarvas de O. hubbsorum y O. mimus son muy parecidas en forma y patrón de cromatóforos, los análisis genéticos muestran que pertenecen a la misma rama evolutiva, pero se agrupan en grupos diferentes, lo que significa que están estrechamente relacionadas, pero son especies distintas.

Como parte de los esfuerzos por comprender mejor a los pulpos bebé, el grupo de trabajo Proyecto Pulpo a cargo del doctor Arellano Martínez del CICIMAR-IPN, hemos realizado investigaciones enfocadas en la identificación de paralarvas de Octopus hubbsorum, mediante análisis morfológicos y moleculares, cuyos resultados fueron publicados por García-Flores et al., (2025).
Asimismo, continuamos esta línea de investigación con pulpos juveniles de Paroctopus digueti, aplicando metodologías similares para contribuir a su correcta identificación y ampliar el conocimiento sobre las etapas tempranas de vida de estas especies.
En el mundo microscópico de las paralarvas, donde la forma engaña y la genética revela, la ciencia nos recuerda que la verdadera identidad muchas veces se esconde en los detalles.
Fuentes:
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García-Flores, M., Morelos-Castro, R. M., & Arellano-Martínez, M. (2025). Morphological and molecular characterization of eggs and paralarvae of green octopus, Octopus hubbsorum Berry 1953, from the Gulf of California. Diversity, 17(7), 470. https://doi.org/10.3390/d17070470
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* Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas, Instituto Politécnico Nacional, Baja California Sur
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