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Olores: de la atracción sexual a la producción de neuronas

Las feromonas intervienen en la atracción sexual entre miembros de una especie Imagen: Erika López.

08-03-2016

Por Laura García J., DGDC-UNAM

El sueño de Jean-Baptiste Grenouille era contar con un olor propio. Su nacimiento en medio de la podredumbre y el desarrollo casi inhumano de su olfato terminó por convertirlo en un asesino con un único objetivo: crear el perfume perfecto.

Si bien, el argumento literario de Patrick Süskind, en su célebre novela El perfume, podría parecernos más que fantasioso, lo cierto es que nos hace cuestionarnos los alcances del aparente mundo evanescente de los olores, porque ¿cuántas veces nos hemos cuestionado la importancia del olfato en nuestra vida?  ¿Podríamos describir los procesos en los que su influencia es determinante?

Atracción sexual

Aunque el olfato no es tan valorado como la vista o el oído, su importancia es vital para las especies.

En los vertebrados existen dos sistemas anatómicamente fundamentales para percibir los olores: el sistema olfatorio principal y el sistema olfatorio accesorio.

En el primero están implicadas estructuras como el epitelio olfatorio y el bulbo olfatorio principal. Este último responsable de enviar la información a las diferentes áreas del cerebro, como el sistema límbico y la corteza olfatoria.

El sistema olfatorio accesorio, por su parte, tiene sus receptores en el órgano vomeronasal, cuya principal función es la detección de feromonas.

Las feromonas son sustancias químicas que permiten la comunicación entre miembros de una misma especie. Sus efectos van desde la atracción sexual hasta la sincronización de ciclos menstruales entre mujeres y la conducta materna.

Gracias al desarrollo científico, señaló doctor Raúl Paredes Guerrero, investigador y director del Instituto de Neurobiología de la UNAM, se ha podido identificar la formula química de feromonas de algunas especies, principalmente roedores e insectos.

La hembra  del gusano de seda, por ejemplo, libera la feromona llamada bombykol, que el macho es capaz de detectar a kilómetros de distancia. Al percibirla, los machos ejecutan una frenética danza, clave en el proceso de atracción sexual. Los científicos lograron aislar y obtener la fórmula química de esta sustancia.

¿Y en los humanos?  Hay investigaciones que sugieren la existencia de feromonas humanas, como el estudio pionero de Martha McLintock, en Estados Unidos, quien encontró que a veces las mujeres que viven juntas se sincronizan en sus ciclos menstruales a través de la percepción de estas sustancias volátiles.

Sin embargo, luego de otros estudios científicos, la fórmula química de alguna feromona humana aún no ha sido descubierta. De hecho, la existencia del órgano vomeronasal en nuestra especie es motivo de debate, precisó el doctor Paredes.

Estas sustancias se han convertido, gracias a las películas, la literatura y la industria del perfume, en un símbolo de la atracción sexual, llegando inclusive a comercializarse diferentes fragancias que presumen de contenerlas bajo la promesa de obtener mejores resultados al momento de buscar pareja.  

Y aunque parecen más que convincentes los anuncios que los publicitan, el investigador hace un llamado a no caer presa de este engaño.

Otras funciones

Existen diferentes tipos de feromonas que además de permitir la comunicación entre miembros de una misma especie cumplen diferentes funciones.

El doctor Pérez Guerrero explicó que además de la tan conocida atracción sexual, las feromonas intervienen en procesos como el reconocimiento entre congéneres, el marcaje de territorio, e inclusive, pueden inducir abortos.

Animales como las cabras usan sus feromonas para identificar a sus crías; mientras que algunos roedores hembra pueden sufrir del efecto Bruce, el cual consiste en que ella aborta de forma espontánea si es expuesta al olor de la orina de un macho diferente al que la preñó.

Generación de neuronas

Actualmente una de las líneas de investigación en el laboratorio del doctor Paredes en el Instituto de Neurobiología, es la vinculación entre el olfato y la neurogénesis o formación de nuevas neuronas.

Antes se creía que todos nacíamos con determinado número de células cerebrales, las cuales  íbamos perdiendo  con el paso del tiempo. Desde la década de los 90 esta idea sucumbió cuando se comprobó la formación de nuevas neuronas aun en edad adulta.

Lo interesante para el estudio del olfato, es que el aumento de neuronas ocurre principalmente en las zonas cerebrales implicadas en este sentido, comenta el especialista en neurobiología de la conducta sexual.

Estudios recientes han comprobado que cuando hembras son expuestas a la orina de los machos durante varios días, aumenta la producción de neuronas. La gran incógnita para los investigadores, es descifrar qué funciones tienen estas nuevas neuronas.

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