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¿Qué se esconde detrás de la basura?

Héctor Castillo Berthier, del Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM. Imagen: Erika López.

21-11-2014

Por Isabel Pérez S., DGDC-UNAM



Cuando pensamos en la basura, lo primero que nos viene a la mente es un montón de desperdicios que despide un olor pestilente; tal vez pensemos también en que se clasifica en orgánica e inorgánica y probablemente, sea un tema del que no nos interese hablar.

En cambio para Héctor Castillo Berthier, integrante del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, la basura es un tema que le ha interesado tanto que lo convirtió en su principal materia de estudio desde el punto de vista sociológico y antropológico.

“Cuando terminé la licenciatura en sociología en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, busqué un tema que no hubiera sido estudiado socialmente para hacer mi tesis, y me di cuenta que la basura podía ser mi objeto de análisis, ya que nadie le ponía atención”.

Fue entonces que comenzó a trabajar como barrendero de la ciudad de México. A partir de esa experiencia, aprendió que la basura de todas clases sociales es igual, que hay un mercado de desechos y que con la lluvia, todo el desperdicio se descompone. Posteriormente, recogió basura dentro de un camión; recorrió edificios, casas, oficinas y hoteles recolectando desechos.

Basura útil

Héctor Castillo aprendió además que de los huesos de animal, es posible extraer keratina, misma que es adquirida por diversas empresas para hacer pegamentos y engomados; el aceite automotriz es otro desecho que puede aprovecharse. Algunas compañías lo compran para “limpiarlo” y usarlo después como grasa para quitar tuercas o colocar tornillos.

Las frutas y verduras en descomposición también se reutilizan. Grandes industrias de alimentos les dan un tratamiento especial para elaborar con ellas jugos, néctares y purés. Las plumas de pollo por ejemplo, se utilizan para elaborar alimento para mascotas por su alto contenido en calcio, comentó.

De la basura electrónica, agregó el especialista, se pueden rescatar metales como cobre, plata, oro y estaño, que es usado en otros procesos productivos. Y es que el reciclaje es una actividad que se ha incrementado en los últimos años, aunque esto ha existido siempre.

Compartió que aproximadamente una cuarta parte de los desechos no reciclables es lo que se lleva a los tiraderos de barrancas o de cielo abierto, espacios destinados para tal fin.  El problema es que debido a que la población se ha extendido en la ciudad de México, los tiraderos de basura ahora ya no están fuera y lejos, sino dentro y cerca.

El también especialista en cultura popular, recordó que en 1977 existían dos grandes tiraderos en la capital, uno en Santa Cruz Meyehualco con 164 hectáreas llenas de desperdicios y 15 mil pepenadores viviendo entre la basura; el otro se encontraba en Santa Fe.

“Desafortunadamente, aún no hay un solución para el problema de la basura; no tenemos un mecanismo organizado que pueda controlar los grandes volúmenes que a diario la gente desecha desde sus negocios, hogares y fábricas”, precisó.

De universitario a pepenador

La primera vez que Héctor Castillo entró a un tiradero de basura  fue brutalmente golpeado por los pepenadores, con el argumento de que nadie ajeno al basurero “puede ni debe” ingresar a él. Por eso se hizo trabajador de limpia; así podía entrar y salir sin problema en los camiones recolectores.

Observar bolsas llenas de moscas que luego se le pegaban en la cara y el continuo olor fétido le resultó impresionante. Trabajar entre la basura le permitió regresar una y otra vez para continuar con su labor investigación.

Según narra, se hizo amigo de una familia de pepenadores que habitaba en el tiradero. “Les dije que no tenía una casa en donde quedarme y me invitaron a vivir con ellos en el tiradero Santa Cruz Meyehualco.”

Gracias a esta investigación sociológica-antropológica que llevó a cabo durante tres años, concluyó la tesis titulada “La Sociedad de la Basura, caciquismo en la Ciudad de México”, de la cuál derivaron dos libros: ”El Basurero: antropología de la miseria”,180 páginas con siete historias de vida de los pepenadores, y “La Sociedad de la Basura”.

 “Desde entonces, veo la basura con otros ojos; descubrí que hay varios lenguajes para hablar de ella: el de los pepenadores, el de la gente, el de los políticos y el de los académicos”. 

Ya como experto en el tema, trabajó en la Organización de Cooperativas de Pepenadores en distintos estados de la República. Actualmente sigue trabajando con el tema de la basura y otros como La merced y la Central de Abasto, jóvenes y violencia, del que nace “Circo Volador”, un centro cultural que realiza conciertos, programas de radio y talleres gratuitos para jóvenes de clases populares.

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