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Coronavirus. El cubrebocas ¿llegó para quedarse?

El cubrebocas ha sido un aliado en la prevención de enfermedades como COVID-19.

24-09-2021

Por Isabel Pérez S., Ciencia UNAM-DGDC

El cubrebocas es un instrumento fundamental para evitar el contagio microbiológico que se transmite por la nariz y la boca.

Al inicio de la pandemia por COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) sólo recomendaba el uso de cubrebocas para los trabajadores de la salud; sin embargo, a principios de junio del 2020 el organismo anunció que la evidencia reunida hasta el momento era suficiente para recomendar su uso en la población general.

El uso de este tipo de máscaras se remonta a las civilizaciones antiguas. Existe evidencia de su uso en eventos sociales, religiosos, funerarios, conmemorativos, festivos, artísticos, preventivos y terapéuticos.

De tela o de uso médico

Existen cubrebocas de alta eficiencia, los cuales se utilizan dentro de los hospitales en áreas con pacientes graves; su función es evitar que quienes están en estas áreas respiren partículas virales.

Están también los cubrebocas “civiles” o de tela que impiden que se expulsen gotículas con partículas virales a la atmósfera, explica Carlos Alberto Pantoja Meléndez, Responsable del Proceso de Información de Inteligencia Epidemiológica de COVID-19 del Departamento de Salud Pública (DSP) de la Facultad de Medicina de la UNAM.

El académico destaca que la infección no se da a partir del contacto con una partícula viral, sino que tiene que haber una carga suficiente de ellas, y justamente para eso sirven los cubrebocas, para que la expectoración de las gotículas sea la menos posible.

“Si una persona expele partículas al ambiente, pero tiene una protección por simple que sea, restringe esa cantidad de partículas y en consecuencia, se disminuye el riesgo de contagio y se hace ineficiente”.

  • Cubrebocas de alta eficiencia KN-95. Esta clasificación de Estados Unidos indica que filtra el 95 por ciento de las partículas.
  • Las mascarillas FFP2 son para uso médico; pertenecen a la codificación europea que significa que son altamente eficientes.

De hecho, hay una disciplina y una técnica específica para colocarlos y retirarlos, lo que enfatiza que no todos deben utilizarlo. Alguien que no trabaja en un área médica y no está en contacto directo con personas infectadas, puede usar un cubrebocas de tela sin ningún problema, precisa Carlos Pantoja.

¿Hasta cuándo estará con nosotros?

El uso de la mascarilla debe ir desapareciendo poco a poco, siempre y cuando los contagios comiencen a disminuir, no sólo porque después de tanto tiempo la gente está cansada de utilizarlo, sino porque además, toda medida urgente no debe volverse permanente.

En Israel, por ejemplo, cuando el 65% por ciento de su población estuvo vacunada, permitió que se dejara de usar cubrebocas en lugares públicos. Aquí en México, hasta que todas las personas mayores de 18 años estén vacunadas con al menos una dosis, se podrá pensar en ir dejando las mascarillas.

  • Como intervención de salud pública, el uso del cubrebocas no está hecho para evitar que se aspire el virus, sino para buscar que las partículas emitidas por un individuo que posiblemente esté contagiado sean mínimos, y de ese modo, la cantidad de virus en el ambiente sea menor, disminuyendo el riesgo de tener un contagio.



La OMS señala que las mascarillas deben utilizarse como parte de una estrategia integral de medidas para suprimir la transmisión y salvar vidas; el uso de una mascarilla por sí sola no basta para proporcionar una protección adecuada contra la COVID-19.

Significa que debemos continuar algunas precauciones sencillas, por ejemplo, mantener el distanciamiento físico, ventilar bien las habitaciones, evitar las aglomeraciones, lavar las manos y cubrir la boca y la nariz con el codo flexionado o con un pañuelo al toser. Debe quedar claro que el cubrebocas sólo ayuda si se usa con dichas medidas de higiene.


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