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Especial México 500. Las Mujeres de Tenochtitlan, su papel en la sociedad mexica

Subordinación y opresión, condiciones de las mujeres aztecas.

10-08-2021

Por María Luisa Santillán, Ciencia UNAM-DGDC

Desde el horizonte mítico se cuenta que, durante la peregrinación que realizaron los mexicas de Aztlán en busca del lugar en donde fundarían México-Tenochtitlán, el dios Huitzilopochtli abandonó a su hermana Malinalxóchitl en lo que hoy se conoce como Malinalco. Ello se debió a que mientras él deseaba imponer su dominación a través del poder de las armas, ella quería implantarla mediante la magia.

Una vez fundada México-Tenochtitlán, en las crónicas se cuenta que la hija del tlatoani Axayácatl fue casada muy joven con Nezahualpilli, hijo de Nezahualcóyotl. Además, se narra que mantuvo relaciones sexuales con distintos hombres hasta que fue descubierta, por lo que fue ejecutada a garrotazos de manera pública.

Ya durante la época de la Conquista las fuentes documentales hablan de Isabel de Moctezuma, hija del tlatoani mexica Moctezuma. Se dice que fue casada con su tío Cuitláhuac y, a la muerte de éste, con su primo Cuauhtémoc, quien fuera el último tlatoani mexica. Luego, cuando él falleció fue casada tres veces más con españoles e incluso tuvo un hijo de Hernán Cortés.

Este era el papel que tenían las mujeres en el México de los mexicas. A las deidades femeninas se les atribuían aspectos monstruosos, y se les relaciona con la hechicería y las catástrofes. Mientras que las princesas mexicas eran regaladas o casadas con tal de conseguir pactos entre señoríos vecinos, además de que eran castigadas con la pena de muerte si transgredían las normas morales establecidas

Las mujeres de estratos más pobres y que pagaban tributo, se dedicaban a los aspectos domésticos; durante la época de la Conquista fueron utilizadas como esclavas sexuales y concubinas de los vencedores.

Sociedad patriarcal 

En entrevista para Ciencia UNAM, la doctora María Rodríguez-Shadow, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, considera que las mujeres en la sociedad mexica tenían una situación de subordinación, aunque aclara que existen distintas académicas que, por el contrario, piensan que tenían un alto estatus por su capacidad reproductora o eran vistas con alta estima en dicha sociedad.

En esa época, las mujeres eran parte de distintos estratos sociales (pipiltin: clase alta, macehualtin: grupo tributario, y tlacotin: esclavas), y había distinciones en las consideraciones sociales e inclusive de exigencia moral para cada uno de estos grupos.

“Desde mi punto de vista, la sociedad mexica no era solamente sexista, sino también patriarcal y clasista; los cronistas nos describen una situación en la que podemos observar que había una doble moral: una para las mujeres y otra para los hombres”, explica la investigadora.


Al respecto, refiere que a los hombres no se les exigía llegar vírgenes al matrimonio, fidelidad conyugal y ni siquiera ser fértiles, en cambio, a las mujeres se les demandaba todo ello. Aquellas que no guardaban su castidad se les repudiada y había pena de muerte para las adúlteras, a quienes se condenaba a ser estranguladas, ahorcadas, apedreadas o quemadas. 

Un aspecto que abonó a esta situación de subordinación que vivían las mujeres aztecas fue que la sociedad mexica era teocrática: había un dios que concentraba todo el poder en el cual se apoyaban los gobernantes, en este caso era Huitzilopochtli, dios de la guerra.

“La posición subalterna que padecían las mujeres en esta sociedad se debía, entre otras cosas, al hecho de que la azteca era una sociedad profundamente militarizada. Es lógico, entonces, que los valores masculinos fueran puestos muy en alto”, explica la doctora Rodríguez-Shadow en su libro La mujer azteca.

Pero ¿qué otras circunstancias propiciaron que las mujeres fueran colocadas en dicha situación?

La especialista en estudios de antropología de las mujeres enfatiza que algunas hipótesis con las que se intenta explicar esto son que los hombres tienen más fuerza muscular, el surgimiento de la guerra en donde ellos son combatientes, las creencias religiosas basadas en el monoteísmo (especialmente cuando se tiene una figura masculina como el creador de la humanidad y cuando se asigna un carácter malévolo a las mujeres), la división de la sociedad de clases y el surgimiento de la propiedad privada, así como la supuesta “desventaja” de ser ellas quienes se encargan de parir a los seres humanos.

Actividades consideradas femeninas

Las mujeres aztecas fueron alejadas de todas las actividades que implicaban riqueza; así, no participaban del poder político y la guerra, además de que se les excluyó de las posiciones de prestigio como el sacerdocio o el comercio.

Asimismo, tenían distintas ocupaciones según su estrato social, por ejemplo, las mujeres nobles tenías la obligación de parir hijos para la continuidad del linaje, dedicarse a ciertas actividades domésticas y elaborar vestidos y mantas para su familia.

Por su parte, las mujeres que pertenecía al sector tributario debían cuidar de su casa y sus hijos, ayudar al marido en las labores agrícolas, realizar vestidos para su familia y confeccionar las mantas que eran entregadas como tributo; además, acudían a las casas de los nobles a hacer labores domésticas y podían dedicarse a algunas actividades comerciales para obtener recursos y aportar al gasto familiar.

En cuanto a las esclavas (que podían tener esta categoría por voluntad propia, porque se tenía que pagar una deuda o eran capturadas en la guerra) eran destinadas al servicio sexual o al hilado de tejidos, además de que podían ser dedicadas al sacrificio.

La doctora Rodríguez-Shadow señala que si esta situación de subordinación se ve como algo “natural” se debe al poder de las instituciones y su capacidad de convencimiento, a través de mecanismos creados de manera sistemática y que son casi infalibles, por ejemplo, la familia, el sistema educativo, los preceptos religiosos, el régimen económico, la estructura gubernamental, el sistema jurídico. 

La educación familiar, tanto en la época actual como entre los aztecas, ha sido crucial. Si nuestra familia tiene determinados patrones de comportamiento, nosotros los vamos a aprender y a repetir a través del ejemplo. Esto es, las situaciones, los privilegios, los papeles y los roles que cada uno de los papás nos enseñan.”

En el Códice Mendoza se observa que las madres enseñaban a las niñas, inclusive con castigos, a cocinar, barrer, tejer y a mantener limpia su casa.

En este sentido, la doctora Rodríguez-Shadow enfatiza que éstas son enseñanzas que penetran de manera profunda en el inconsciente colectivo, y en especial en el de las mujeres, y tanto ellas como los niños crecen pensando que eso es un trabajo exclusivamente femenino. 

Esta situación también fue promovida por el gobierno mexica, quien generó una normatividad jurídica a la cual estaban sujetas las mujeres. Por ejemplo, había pena de muerte para las que rompían el voto de castidad, así como para las adulteras, para las que abortaban y para quienes lo realizaban. Además, en el imaginario religioso se pensaba que los dioses también castigaban a las transgresoras con enfermedades o tragedias, como el rechazo social o el conyugal.

Así, la persistencia de los roles femeninos de las sociedades antiguas al mundo contemporáneo se debe a que muchas de aquellas prácticas subsisten en forma tenaz, como la identificación de lo femenino con lo maternal, pero también con el caos, la polución y la debilidad.

Asimismo se concibe un doble estándar y una contraposición simbólica de los universos femenino y masculino, en los cuales se les imagina, no sólo como opuestos, sino que se les ubica en lugares diferentes del cosmos, el Oriente para las mujeres, el Poniente para los hombres, por ejemplo, concluye la doctora Rodríguez-Shadow.


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